Acabados


En el proceso de restauración de un pavimento nos encontramos con las siguientes fases, las cuales serán necesarias en función del estado del pavimento:

Rebaje y pulido: El proceso de rebaje consiste en recortar una fina capa superficial del pavimento, y por lo tanto, renovar el grano. A continuación se realiza el afinado o pulido, que consiste en pasar sobre el pavimento diferentes muelas hasta dejarlo completamente aplanado y uniforme. Generalmente se realiza cuando el pavimento está muy deteriorado por el desgaste de uso o el paso de los años. No obstante, también se realiza este tipo de trabajos para reformar juntas vacías o agujeros, así como, para aplanar y eliminar pequeños resaltes que se dejan en la colocación cuando el pavimento es nuevo.

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Adiamantado: es el proceso intermedio entre el rebaje y el abrillantado. Consiste en pasar una pequeña muela de grano fino, para rebajar superficialmente pequeñas rayadas y pequeñas manchas. Se hacen en pavimentos de desgaste medio. A continuación siempre se ha de cristalizar.

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Abrillantado Cristalizado: Este proceso consiste en dar un acabado completo de máximo brillo y a su vez cerrar el poro. Cuando el suelo está mate y no tiene viveza, pero no es necesario el rebaje y el pulido, se realiza el abrillantado cristalizado. Esto además de mejorar el aspecto también mejora el tacto, cosa que facilita el limpiado y la higiene del suelo dado que resulta un gran filtro anti bacterias.

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Apomazado: El acabado apomazado suele darse en ocasiones muy puntuales. Consiste en pasar toda una secuencia de abrasivos completa, para resaltar los colores y dar un brillo natural, sin productos químicos. El resultado y aspecto final es equivalente a un satinado.

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